Mira con disimulo

Está claro. No todos sabemos ni tenemos la habilidad de mirar disimuladamente.

Si no te pilla la persona a la que estás mirando lo hace otro que desde fuera se está enterando de tu sutileza. Como si te estuviera leyendo la mente, haciendo honor a la fábula del cazador cazado.

Pero es que hay sitios en los que hay tanta variedad de gente -o que tu nivel de aburrimiento es tan alto-, que no se puede evitar echar una de esas miradas furtivas. Por eso siempre nos han fascinado las ventanas-espejo de las salas de los interrogatorios (ahí ni furtiva ni nada), o las terracitas al sol de lugares concurridos. Ésta última versión cosmopolita de la calle mayor de los pueblos.

Tanto es así que cuando te compras una guía turística te da sugerencias sobre espacios donde practicar el People watching, o la Observación Naturalista, como dirían los científicos psico-socio-antropologistas. 

Esto quiere decir que he practicado la ciencia del looking en: aeropuertos varios, estaciones de tren (normalmente de bus), puertas de centros comerciales, cafés (cómo no), o desde mi misma ventana de la habitación de Valencia para ver bicis o el campo de rugby.

La cuestión es mirar

http://bit.ly/bFkiia para mirar en Londres

http://bit.ly/bLMWuG para mirar en Amsterdam 

http://bit.ly/dqAkFI en Dublin 

etc etc etc

 

 

 

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